¿Qué sabemos del proyecto de Santa Lucía?

El proyecto elegido por los ciudadanos en la consulta realizada en los últimos cuatro días fue el de Santa Lucía, frente a la obra diseñada por Norman Foster y Fernando Romero que se estaba construyendo en Texcoco.

De acuerdo con el resultado de la consulta, se eligió la opción alternativa al nuevo aeropuerto, que contempla conservar la operación del actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) y complementar su operación con el de Toluca y con la construcción de dos pistas en la base militar de Santa Lucía, en Tecamac.

El rechazo del ahora presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), que se construye en Texcoco tiene ya un largo historial. En las campañas electorales, dijo que lo cancelaría por «corrupción» y por la magnitud del costo. Y como alternativa para resolver la saturación del AICM, propuso Santa Lucía.

De la mano de Javier Jiménez Espriú y del empresario José María Rioboó, se hicieron un serie de estudios para evaluar la factibilidad de transformar Santa Lucía en un aeropuerto de dos pistas.

Esta solución, de acuerdo con el equipo de AMLO, implica una menor inversión que la prevista para Texcoco, además de menores costos de mantenimiento y menor riesgo de daño al medio ambiente.

El proyecto considera una inversión de alrededor de 100,000 millones de pesos para la construcción del aeropuerto de Santa Lucía, y 5,000 millones más para rehabilitar Toluca.

De acuerdo con el plan presentado por AMLO para Santa Lucía, el proyecto se ejecutará en un terreno de 23.2 kilómetros cuadrados, donde se construirán dos pistas, una torre de control y una terminal aérea con 33 posiciones.

Según el futuro gobierno, se trata de una opción viable, aunque diversas organizaciones y consultoras del sector, como Mitre, se han mostrado en desacuerdo. Muchos expertos —y la industria aérea— han destacado que no es posible que el AICM y Santa Lucía operen de forma simultánea, y por ello la solución no será suficiente para aliviar el problema de saturación aérea en el país. Otro problema serían los altos costos para las aerolíneas, al necesitar operaciones en dos o tres aeropuertos.

La potencial cancelación del NAIM puede derivar en una ola de reclamos y compensaciones a las empresas involucradas.

Al cierre de septiembre, el NAIM tenía un avance global (físico y financiero) de 32.15%, con las obras preliminares ya concluidas, como la limpieza del terreno y la cimentación. Ahora, hay dos pistas en proceso de construcción, además de la terminal aérea, la torre de control y otras obras adicionales.

Los 15 contratos adjudicados suman un monto de alrededor de 125,000 millones de pesos, de acuerdo con Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México. Entre las empresas involucradas en la construcción están Carso Infraestructura (de Carlos Slim), Prodemex, GIA, Coconal, y las españolas Sacyr y Aldesa.

A las potenciales compensaciones a estas empresas se sumarán las negociaciones con los tenedores de bonos por 6,000 millones de dólares y con los tenedores de los títulos de la Fibra E listada en el mercado, también para financiar el proyecto.

CN/Expansión

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