El ave del amor, a punto de perder su hogar

El ave del amor, el chupamirto, el mensajero del Sol o también conocido como colibrí está a punto de perder su hogar. El crecimiento de la mancha urbana va acotando los espacios donde estos pequeños seres vivos, pero muy importantes para el proceso de polinización, se reproducen.

En México existen más de 50 especies de las cuales 19 se aprecian en la Ciudad de México, en particular en los jardines artificiales que la UNAM instaló en algunas entidades universitarias, así como en diversas escuelas de la capital mexicana y del Estado de México, para restaurar su espacio natural.

La iniciativa para recrear su hábitat natural, incrementar la población y estudiar su comportamiento biológico, apoyado por la especialista en conservación de aves, María del Coro Arizmendi, directora de la FES Iztacala y además promotora del proyecto Jardines de Colibríes, ha logrado ya crear 90 hogares naturales para las diminutas aves.

Es fácil atraerlos con flores largas, tubulares, rojas, amarillas, moradas y rosas, algunas de las cuales les gustan a los colibríes son el mirto, aretillo, muicle, camarón, toronjil silvestre y lavanda.

Al igual que la UNAM, nosotros también nos podemos unir al rescate del colibrí, venerado por las antiguas culturas como el mensajero del Sol y asociado con el amor y la resurrección.

¿Cómo hacer para que el mensajero del Sol nos visite? la especialista recomienda colocar diversas plantas que aseguren la floración a lo largo del año, además de fuentes o un plato hondo con agua, para que la beban y se bañen.

Los bebederos, de preferencia deberán ser de vidrio –porque los plásticos de baja calidad liberan sustancias tóxicas cuando se exponen al sol– con azúcar estándar o blanca diluida. El recipiente debe lavarse al menos una vez por semana.
CN/MMV

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