Pues… ¡Al carajo, el presidente…! Las Cosas de la Política

Hay muchas formas de describir cómo mandar al diablo, a volar, a la goma, a la yumba, al carajo y hasta al rancho (últimamente el ingenio del mexicano antepone estos a la muy mexicana palabra de » a la chingada»), todos estas expresiones pasan de lo chusco, lo llevado, lo regional, lo personal y sobretodo son ya de uso político permanente.

El «mandar al diablo las instituciones» es una frase utilizada recurrentemente por Andrés Manuel López Obrador y tal vez el único compromiso que ha venido cumpliendo a cabalidad, ya en su calidad de presidente, ya desmantela y desaparece instituciones, primero las estigmatiza, las señala y las cubre bajo el manto de la presunción de la total corrupción, en una palabra «manda al carajo» muchas cosas, programas y personal, los despidos son  evidentes y las razones insuficientes.

Demuestra desdén por las instituciones y por las organizaciones ya sean locales, nacionales e incluso internacionales, es totalitario el hecho de que sólo su verdad es absoluta, los demás merecen calificativos despectivos y señalamientos sin justificación o comprobación, él es la ley, la política, el todo, así se conduce y así establece su línea política y de gobierno, la cual es aceptada y adoptada con total docilidad de sus funcionarios, a grado tal de que unos se han mimetizado de manera formal hasta en el discurso cuál manual de comportamiento institucional.

Se arropa en su simpleza de mandar a botar  todo y a todos por la vía de la mano alzada en ambientes controlados por sus «siervos de la nación» ejército que dogmatiza y supervisa los programas clientelares y los cuales son el primer paso de adoctrinamiento, solo él sabe que quiere (al menos eso se espera), le urge destruir, desbaratar, aniquilar y desaparecer todo lo establecido, pretende borrar el pasado, la historia, el presente y solo dejar su propia huella e historia, es el más neoliberal de los neoliberales, es más de derecha que la derecha misma.

Desdeñar todo y a todos es parte de su esencia, es codependiente de él mismo y sus múltiples personalidades, utiliza símbolos y maneja el discurso de la contradicción, interpretarlo es un ejercicio mental que hace caer en las elucubraciones, las malas decisiones y sobretodo en señalar y buscar culpas ajenas, vive su propia utopía y su mitomanía lo hace estar fuera de la realidad, su feligresía lo mantiene activo gracias a la fácil lisonja clientelar comprada por la vía económica, dice tener prisa y lo demuestra por la premura de sus acciones.

Manda a todos a volar, al diablo o al carajo y no está consciente de que a la larga él se puede ir a la yumba con su proyecto (suyo de él) de nación, en sus simbolismos no razona que toda acción tiene una reacción y que al final de cuentas, si no calcula los tiempos, estos lo atropellaran, la pregunta es si habrá cordura en aquellos que se subieron al barco, ¿habrá motín?, o será el mismo el que provoque que la sociedad se organice y le diga en su proyecto de Revocación de mandato… Pues! Al carajo, el presidente!

  1. Su eterna campaña a través de las mañaneras, el cambio del frijol con gorgojo por tarjetas del bienestar para la compra de conciencias con dinero público, la opacidad y el subejercicio disfrazado de ahorro, pueden provocar una escalada de corrupción mayor que la que ataca con el escudo de la honestidad valiente.

Miguel Ángel Hernández Albarrán
@miguelanh

 

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