En nombre del peje… Las Cosas de la Política

La dicotomía existencial de Andrés Manuel lo hace estar entre Benito Juárez y el cristianismo (Jesús de Nazaret), no, ni se espanten, mucho menos se aceleren, esta postura cuasi mesiánica tanto en lo político como en lo religioso nos demuestra el grado de la fragilidad y porque no decirlo de la peligrosidad emocional de quien asegura que el «Estado es él».

Tal vez su combate a los «fariseos del neoliberalismo» le genera ese sentimiento de actuar como el líder moral que dice ser, aunque entra en confusiones porque no tan sólo quiere echar a los mercaderes del templo de la política, el ejemplo sería la cancelación de la inversión del NAIM y el conflicto con empresarios (aunque después trate de enmendar por medio de foto en Palacio nacional y se haya «reconciliado con Slim».

Dijo ser la reencarnación de Benito Juárez, dejó de lado a Zapata, después de que uno de sus nietos fue irreverente con él, al recordar una frase (¿premonitoria?) de su abuelo («Gracias mi general Villa, pero no me puedo sentar en esa silla porque está embrujada y quien se sienta pierde la razón y el sentido»), al ser selectivo en sus preferencias, da tumbos entre héroes y villanos.

Se dice «humanista» a pesar de que muchas de sus decisiones han atentando contra los ciudadanos y sus derechos humanos políticamente hablando y si lo dudan, habrá que preguntarse acerca del daño causado con la crisis provocada en el sector salud, la cancelación de estancias infantiles y los recortes a programas sociales que han, afectado a sectores productivos y agrícolas (con su ahora ya fallida lucha contra la corrupción) sobretodo a los de autoconsumo y desarrollo regional.

Tiene feligresía y seguidores, tiene apóstoles que repiten sus sermones y sus «enseñanzas», tiene detractores y a la larga tendrá muchos Judas, a veces actúa como Poncio Pilatos, otras veces de plano solo da sermones en el «monte» de las mañaneras, bendice y maldice, juzga y ejecuta, todo a la vez, hay quienes ya se sienten bendecidos por él y caen en el pecado de la soberbia.

Su tarjeta del «Bienestar» y el regalar dinero sin ton ni son, es el equivalente al salmo 23 «el señor es mi pastor nada me faltará» y se traduce el «Peje es mi pastor con mi tarjeta del bienestar mi conciencia comprará», le urge ya ser una religión más que una opción política, le urge ser crucificado antes que ser derrotado por él mismo.

Podemos seguir haciendo analogías de esta fase del «pejianismo » político humanista de AMLO, y al final de cuentas él seguirá con sus simbolismos, con sus desvaríos y sobretodo con su dicotomía emocional, solo queda decir que al final de cuentas, está reencarnación tendrá muchos finales y todo seguirá bajo la vía de… EN EL NOMBRE DEL PEJE.

  1. Bien dice un dicho «dejar la iglesia en manos de LUTERO y lis mexicanos hemos dejado la Política en manos del PEJE (error que se puede y debe corregir en urnas en el 20 21)

Miguel Ángel Hernández Albarrán

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