Caña Brava, al rescate y revalorización del aguardiente

Los tiempos modernos requieren de emprendedores entusiastas, comprometidos con sus sueños y preparados para llevarlos a buen puerto. Qué si es hombre o mujer, no es trascendental. En el mundo de los negocios, el género no es importante. Este país necesita jóvenes emprendedores que crean y sean leales a sus proyectos, como Claudia Caloca que pese a la discriminación de la que ha sido blanco por ser mujer, se ha empeñado en sacar adelante a Caña Brava, una empresa productora de aguardiente.
En un sector que por tradición ha sido manejado por hombres, a Claudia Caloca esto no la detiene ni la limita, por el contrario, su reto es hacer de Caña Brava una empresa exitosa que traspase las fronteras del país, y para empezar, está próxima a realizar su primera exportación a Estados Unidos.
Para la Ceo de la compañía de reciente creación, conformada por personas igual que ella, comprometidas con los productos nacionales, cien por ciento mexicanos, la discriminación de la que ha sido objeto, no es motivo para dejar de cumplir con la parte más importante de la empresa, que es el rescate y revalorización del aguardiente, tan mexicano como el mezcal o el tequila.
Además de abrirse camino en una actividad “destinada” a los hombres, pretende derribar definitivamente los mitos sobre el aguardiente, un destilado de la caña de azúcar que está en el olvido.
Con los 16 sabores del aguardiente que ella misma prepara, busca crear, expandir, preservar y difundir la cultura de esta bebida tradicionalmente mexicana con fuertes raíces en la sierra de Veracruz, Guerrero y Morelos.
Su reto es hacerse de un lugar dentro de la gastronomía, la mixología y el gusto de los consumidores nacionales como lo tienen otras bebidas mexicanas de tradición como lo es el tequila y el mezcal.
Quiere conquistar el mercado de los vinos y licores, y al mayor número de consumidores a través de enamorarlos con el sabor del aguardiente mezclado con la jamaica, la piña, el mango, tamarindo, guanábana, cacahuate, café, maracuyá o coco, como le sucedió a ella cuando en la sierra de Veracruz en una de sus festividades lo prueba por primera vez.
Con cinco mil pesos de inversión, Caña Brava ha ido creciendo, de tener una producción de entre 30 y 50 botellas a una de 100 por día, sobretodo en el segundo semestre del año, período más productivo por las festividades de septiembre y diciembre.
La compañía quiere darle un lugar honroso al aguardiente y con ello eliminar el miedo a consumirlo, pues se cree que hay riesgos en la salud por su elaboración insalubre y la adulteración del destilado.
Para lograrlo, se ha preparado en todos los aspectos, desde permisos sanitarios, elaboración, producción, envasado, selección de materia prima, control de calidad, hasta el estudio del mercado.
Los productos que utiliza para su elaboración son cien por ciento naturales y nacionales. Las frutas son frescas y de temporada, no adiciona conservadores. La bebida es preparada un par de días o el mismo día antes de su consumo.
Respecto a su caducidad, Claudia Caloca, fundadora de Caña Brava, explica que el aguardiente natural o reposado tiene una vigencia larga, de años, no así los que están combinados con frutas o leche.
El que contiene fruta debe consumirse dentro del lapso de un mes, el mezclado con leche no debe exceder las tres semanas, ya sea en refrigeración o fuera de éste.
Mantiene un control de calidad y sanidad continuo tanto en la materia prima, como en los procesos de elaboración y envasado. El aguardiente es destilado en alambiques certificados. El envasado se comenzó a hacer en botellas de plástico, pero pensando en el cuidado del medio ambiente se optó por el vidrio reciclado.
Con atención en cada detalle: calidad en las materias primas, control sanitario en la producción, envasado, fomento a la cultura del consumo moderado y no a menores de edad, es que pretende abrirse camino en un mundo de mitos y desprestigio en el que está ahogado este destilado de caña de azúcar, porque “si hay un mercado para el aguardiente, solo que actualmente es invisible en la ciudad”, considera.
Y para ello es que se prepara, por lo que viajará a Colombia para certificarse como “maestra aguardientera”, pues en nuestro país no existe una capacitación como tal.
En un mercado manejado por hombres, como es el de los vinos y licores, hay que quitarse el miedo dice la Ceo de la empresa, quien, en su camino por dar a conocer su marca de aguardiente, ha sido muy discriminada al momento de realizar las negociaciones de venta.
Claudia Caloca, no se rinde y aun contra corriente continuará en su carrera por rescatar del olvido al aguardiente, pues está convencida de los talentos, la preparación y la fuerza que tiene la mujer, es solo cuestión, como dice ella, de “empoderarse, afrontar los miedos, atrevernos y romper esquemas”.
La fundadora de Caña Brava es otro emprendedor más que se suma al mundo de los negocios, y lo mejor es que es una mujer dispuesta a trabajar en un sector de hombres para rescatar una bebida tradicional mexicana, el aguardiente.

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